sábado, 26 de septiembre de 2015

La Iliada

Llevo mucho tiempo sin publicar nada, hace prácticamente un año de la última reseña. Los estudios, el trabajo, las obligaciones del día hacen que no pueda ocuparme este blog con la atención que me gustaría. Pero hace unos día, mi viejo amigo D.A.X. (del que tendré que hablaros algún día) me pasó unas líneas que merecían saltar del papel a la red, para que todo el mundo pudiera disfrutar de ellas. Y así, volví a publicar una entrada, Borracho; y creo que ya es hora de reanimar este viejo foro, heredado de mis días de instituto. Tenemos pendiente acabar el viaje por Deltora, lo sé, pero hoy os traigo uno de los grandes clásicos de la Literatura Universal, un clásico por excelencia, de esos que escribimos con mayúsculas; de hecho, no se me ocurren más de cinco historias más antiguas. Me estoy refiriendo a La Iliada de Homero.

En realidad, La Iliada es un poema épico que narra parte de las aventuras vividas por los héroes griegos durante la célebre guerra de Troya, en la que los príncipes griegos partieron para recuperar a Helena, esposa de Menelao, rey de Esparta, que se había fugado con Paris, príncipe de Troya. En concreto, La Iliada narra los hechos ocurrido durante el noveno año de asedio a la ciudad, cuando una terrible epidemia de peste azota el campamento griego.

Tras consultar a un oráculo, Agamenón, rey de Argos y líder de la expedición helena, averigua que ha ofendido al dios Apolo al secuestrar a la hija de uno de sus sacerdotes, a la que debe poner en libertad. Irritado por tener que ceder parte de su botín, Agamenón lo paga con Aquiles, el mejor de los guerreros griego, a quien le arrebata su esclava favorita, Briseida.

Enfadado por tal afrenta, Aquiles y sus soldados mirmidones se retiran de la batalla al tiempo que el héroe llama a su madre, la diosa Tetis, para hacerle una gran petición: convencer al todopoderoso Zeus, señor del Olimpo, para que conceda la victoria a los troyanos hasta que Agamenón le devuelva a Briseida. Zeus accede a la petición de Aquiles hecha a través de Tetis y a partir de ese momento, el ejército troyano con el valiente Héctor al mando inflige severas derrotas al ejército invasor. Sin embargo, la decisión de Zeus enfurece a los dioses partidarios del bando griego, que al momento se ponen en marcha para igualar la contienda.

Tras numerosas batallas en las que los griegos son derrotados, Patroclo, amigo de Aquiles, le ruega al héroe que le permite unirse a la lucha. El héroe accede que Patroclo lidere a los mirmidones y le presta sus armas para la lucha, pero él permanece en su tienda, todavía enfadado con Agamenón. Con la presencia de Patroclo y los mirmidones, los griegos consiguen rechazar a los troyanos de su campamento, pero al intentar perseguirlos por la llanura, Patroclo cae ante los ataques de Héctor.

Enfurecido por la muerte de su mejor amigo, Aquiles se lanza a la batalla, enfrentándose a todo el que se ponga por delante (ya sea hombre o dios) y haciendo que los troyanos se refugien en la ciudad; todos los troyanos salvo uno, Héctor, que se queda fuera a sabiendas de que es el único capaz de enfrentarse al enfurecido héroe griego. Ambos luchan mano a mano hasta que Aquiles por fin mata al príncipe troyano; pero la muerte no es suficiente para vengar la muerte de Patroclo, así que Aquiles ata el cadáver de Héctor a su carro y, tras dar tres vueltas a la ciudad, vuelve al campamento. No será hasta varios días después cuando, siguiendo la orden directa de Zeus, Aquiles devuelva el cuerpo de Héctor a su padre.

Y así concluye La Iliada. La verdad es que me llevé una decepción, ya que esperaba que se relatara la historia de como los griegos entraron en Troya gracias a su famoso caballo de madera gigante. Por supuesto, la belleza de la rima y el ritmo del poema queda rota al traducirlo del griego antiguo, pero se mantiene muchas de sus características y recursos, las largas (en ocasiones demasiado) descripciones, los apelativos que acompañan constantemente a todos los nombres, la multitud de héroes famosos que participan (Ayax, Eneas, Ulises y muchos más), los detalles de la sociedad de la época, los ritos sagrados, los juegos funerarios, la mentalidad pagana de los griegos, para los que todo dependía enteramente de la voluntad de los dioses,... En resumen, La Iliada no sólo transmite unos hechos ni narra una historia, sino que supone un valioso documento que nos aporta gran información sobre la vida de los antiguos griegos, los padres de la civilización occidental.

Sobre Homero, poco se puede decir que sea seguro. Según la tradición, vivió durante el siglo VIII a.C. y era ciego de nacimiento, aunque otras fuentes afirman que en realidad se trató de varios poetas antiguos que recogieron parte de la tradición oral de la época. Sea como sea, además de La Iliada, a Homero también se le atribuyen La Odisea, La Batracomiomaquia y otras obras sobre la guerra de Troya.

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