viernes, 19 de agosto de 2016

Frialdad

Ayer creí verte y mi corazón se detuvo por un instante; como cada vez, un nudo se me formó en la garganta, apretando fuerte, dejándome sin aire. Temí volver a ver el reproche y la decepción en tus ojos, a sentir el latigazo de tu palabras y el dolor de tu cercanía. 

Pero no eras tú y respiré aliviado; no estoy preparado aún para nuestro reencuentro, aunque sé que se acerca el momento en el que tendré que volver a enfrentarme a ti, a utilizar mis silencios como defensa, a evitar tus miradas y tu compañía para proteger mi corazón de lo que siento por ti, ese terrible secreto que sólo tú y yo compartimos y que marca nuestra relación hasta el punto de hacerla imposible más allá del compañerismo, ni aún eso. ¡Cuánta frustración, cuánta impotencia saber que este distanciamiento es lo mejor que puede haber entre los dos!

Pero así ha de ser hasta que el árbol la frialdad dé sus frutos y la indiferencia sustituya a aquello que hoy habita en el pedazo de mi alma que te pertenece ya para siempre. Frialdad, es lo único que puedo ofrecerte hasta que desaparezcas de mis sueños, hasta que no piense en ti cada segundo que mi mente se libere, hasta que no sienta miedo de volver a encontrarnos, frialdad aunque nos duela, a ti y a mí, aunque no seas capaz de comprenderlo, frialdad, porque es lo mejor, para ti, para mí y para los que nos rodean, frialdad hasta que mi corazón se convierta de nuevo en piedra, incapaz de amar, sí, pero también de sufrir. Injusta pero necesaria frialdad.

Autodiario, D.A.X.

domingo, 8 de mayo de 2016

La reina oculta

Ando tan ocupado últimamente que apenas tengo tiempo para leer, no digamos ya para escribir o mantener actualizado el blog. Sin embargo, hoy he conseguido sacar un rato para compartir con vosotros una de mis últimas lecturas: “La reina oculta” de Jorge Molist.

Se trata de una novela pseudo-histórica ubicada en Occitania, al sur de la actual Francia, en el año 1208. En esa época, la herejía cátara se extendía sin control por la zona, suponiendo una grave amenaza para la Iglesia Católica. Los enfrentamientos y conflictos entre ambas facciones son continuos hasta culminar con el brutal asesinato de Peyre de Castelnau, legado del papa Inocencio III. Dada la situación, el sumo pontífice decide convocar a los nobles francos del norte a una cruzada para derrotar y expulsar a los cátaros de Occitania. Sin embargo, la verdadera causa de la muerte de Peyre de Castelnau y de la consecuente cruzada parece estar en un misterioso cofre en el que se encierra un secreto que haría temblar los cimientos de todo el mundo conocido.

Ajena a estos sucesos, Bruna, una joven dama hija del gobernador de Béziers (en Occitania), vive tranquila junto a su padre, disfrutando de los placeres propios de la adolescencia y descubriendo el amor; efectivamente, Bruna cae rendidamente enamorada de Hugo de Mataplana, un atractivo y misterioso juglar catalán que frecuenta la corte de su padre. Hugo dedica a Bruna fervorosas miradas mientras pulsa las cuerdas de su laúd, miradas que son correspondidas con el sonrojo de las mejillas de la muchacha, todo al estilo del amor cortés de la época. Sin embargo, todo está a punto de cambiar, ya que el ejército cruzado se aproxima a Béziers y en él se encuentra Guillermo de Montmorency, un joven noble franco que ha recibido una misión muy especial: asesinar a Bruna y recuperar el cofre arrebatado a Peyre. Ninguno de los tres (Hugo, Bruna y Guillermo) es consciente de cómo la guerra entrelazará sus vidas en una historia de amor, batallas, traiciones, fantasía y magia.

La novela está escrita en un estilo ágil y fluido, los hechos se desarrollan de forma natural, sin forzarlos, y se muestran en un lenguaje claro y sencillo para el lector, describiendo con gran efectividad el complejo sistema de relaciones familiares y políticas de los personajes. El argumento tiene una gran variedad de subtramas que se desarrollan de forma secuencial y que van transformando poco a poco el tipo de la novela, que empieza relatando hechos históricos mezclados con ficción para acabar asomándose tímidamente al género fantástico. Estas tramas dan giros al argumento, pero algunos de ellos resultan demasiado previsibles. Sin embargo, la calidad de la novela es notable, como demuestra el hecho de que recibiera el premio de novela histórica Alfonso X el Sabio en 2007.

Jorge Molist nació en Barcelona en 1951. Ingeniero industrial y con un máster en dirección de empresas, trabajó durante años para la Paramount Pictures en Estados Unidos hasta que en 2008 abandonó su empleo para dedicarse plenamente a lo que era su pasión: la literatura, en especial la novela histórica. “La reina oculta” es quizá su mejor obra, pero también se puede destacar “El anillo, la herencia del último templario” (finalista del premio de novela histórica Alfonso X el Sabio en 2004) y “El retorno cátaro”.



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martes, 29 de marzo de 2016

El Valle de los Perdidos

ADVERTENCIA: Esta entrada contiene avances de la saga El cinturón de Deltora. No la leas hasta haber terminado la sexta parte, El laberinto de la bestia. 

Año y medio después, más viejos pero también más sabios, retomamos el viaje por Deltora con el objetivo de derrocar al malvado Señor de la Sombra. Vamos llegando a la parte final de esta aventura (tan sólo resta un capítulo más) y, tras haber superado el Laberinto de la Bestia, la próxima parada es El Valle de los Perdidos.

Ni los ols ni los piratas ni el espantoso Glus consiguieron detener a Lief, Barda y Jasmine y la amatista mágica, símbolo de la verdad y la calma, luce ya en el Cinturón junto a cinco de sus hermanas. Ya sólo queda un hueco vacío, el del diamante, y en el mapa de Lief, un único destino: el Valle de los Perdidos. Pero no todo son buenas noticias para nuestros aventureros, ya que Dain, el joven de la Resistencia que tanto les ayudó en el pasado, ha sido hecho prisionero por los piratas del río Tor y es arrastrado río arriba para ser entregado a los guardias grises. Además, los padres de Lief siguen prisioneros en Del y la red de espías del Señor de la Sombra se hace omnipresente, tendiendo una trampa tras otra.

La situación no es todo lo buena que cabría desear, pero no Lief y sus amigos no tienen más remedio que seguir adelante. Necesitan encontrar alguna forma de cruzar el río Tor, infestado de gusanos asesinos, y continuar su camino hasta el Valle. En su trayecto volverán a encontrarse con Doom, el líder de la Resistencia, y llegarán a Tora, la ciudad mágica que se supone permanece leal al verdadero rey; pero nuestros aventureros ya saben que nada es lo que parece en Deltora.

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miércoles, 16 de marzo de 2016

Silencios a la luz de la luna llena

Imagino que mis silencios deben confundirte casi tanto como mis palabras; no hablemos ya de mis actos. Pero éstas son las reglas de este juego que es mi vida, normas que adapto día a día para tratar de sobrevivir y mantener a salvo mis principios. A costa de ti, me temo y lamento.

Sé que es injusto pero no nos engañemos, ¿qué hay en este mundo que no lo sea? La justicia, como la felicidad, queda reservada para la otra vida. Mi problema no es la injusticia sino la irracionalidad de un mundo que no comprendo y en el que no puedo hacerme comprender. Será por eso que alzo mi mirada hacia las estrellas y hacia ti, Luna, en busca de una comprensión que resulta imposible por inalcanzable.

Entiendo que no me entiendas, quizá por eso escribo estas líneas que jamás te mostraré. También para tratar de coser los pedazos de mi alma, rota por una locura que no es sino auténtica y solitaria cordura. Porque aunque no puedas entenderlo, no tengo otra manera de protegerte que alejándote de mí. Reconozco que también así me protejo a mí mismo, ya que uno se acostumbra antes a la soledad que al dolor del fracaso y la decepción, sobre todo si se malentienden como traición. Sin embargo, a pesar de todos mis esfuerzos por mantenerme alejado de ti, hay ocasiones en que tu ausencia se hace tan insoportable que siento la imperiosa necesidad de hablarte, de oir tu voz, de recibir tu atención y echar así a perder todo lo luchado hasta entonces.

Y es que cuando te veo, siempre tan hermosa y radiante como la luna llena, mi marchito corazón vuelve a latir, resucitando el eterno dolor de la esperanza a la que hace tanto renuncié. Esperanza vana e inútil al fin y al cabo, ya que tu lugar está en el firmamento, desde donde puedas iluminar las noches de todos, y el mío está en esta celda, encadenado a mi trono, donde no pueda dañar a nadie más. Vete, Luna, y deja descansar a este demonio en la oscuridad de su prisión por toda la eternidad.

"Autodiario", D.A.X.

martes, 9 de febrero de 2016

Un día normal

Era un día normal. Las madres madrugaban para dejar la comida hecha antes de ir a trabajar mientras sus hijos apuraban los últimos minutos entre las sábanas antes de ir al colegio. Fuera, una jauría de coches atestaba las calles, rumbo a fábricas y oficinas, esquivando la multitud de camiones y furgonetas aparcados en doble fila, esperando a que sus conductores terminaran de repartir mercancías de todo tipo a todo tipo de comercios. 

En los bancos, se formaban largas colas para pagar recibos o reclamar comisiones cobradas por la espalda; entretanto, los debates surgían por doquier: del tiempo en las panaderías, del fútbol en los bares, de Telecinco en las peluquerías y de política en la Cuatro y en la Sexta. Facebook y Twitter bullían de actividad mientras el silencio reinaba en cada autobús urbano y Whatsapp atentaba contra la intimidad individual con un simple pero malévolo tick azul.

Los alumnos inventaban excusas para sus deberes sin hacer mientras los profesores caían derrotados ante la montaña burocrática que les impedía enseñar e ilusionar. Los mendigos ocupaban sus lugares habituales, en las puertas de los supermercados o revisando contenedores, mientras que, en algún lugar, una docena de ineptos sin mayor beneficio convivían en una casa, exponiendo su intimidad según el guión marcado por la productora, sujetos voluntarios de un experimento soicológico que lleva tomando el pelo a nuestra sociedad más de quince años. Y en Antena3, los Simpsons, inmortales a pesar del cambio generacional.

Parecía un día normal, pero todo había cambiado; porque el emperador había vuelto a su trono.

lunes, 11 de enero de 2016

Carta a la Luna

¿Quién me iba a decir que, volviendo de mi estéril búsqueda, cruzando el desierto con los pies cansados y el corazón dolorido, iba a encontrar una cura a mi mal en un pequeño oasis repleto de jaleo y ruido? “No es posible”, pensé al verte, “no puede existir algo tan majestuoso en un cielo tan pequeño; la belleza sólo existe en la erráticas fugaces, estrellas caprichosas, a años luz de mi patria y mi entendimiento”. ¿Qué haces tú aquí, Luna, iluminando las cicatrices de mi alma? ¿Qué has hecho con la roca que moraba en el pectoral de mi armadura vacía? ¿Cómo la has trocado por la ilusión y la esperanza del que espera ser esperado?

Sin darte cuenta, me hacías acompañar al sol en cada amanecer para contemplar sin más testigos el hermoso paisaje de tu rostro dormido, tranquilo y perfecto, que alarga en un instante hasta la eternidad la dulce agonía de este pobre iluso sin valor suficiente para extender el brazo y tratar de rozar a un ángel. Y tu primer movimiento era correspondido por mi fingido sueño, no fuera a ser que encontrara en tus ojos la ira o el miedo, el lógico rechazo que siente lo divino ante la intrusión de lo profano. Y cada noche, una oración susurrada, el ansia extrema de que tu descanso cayera junto a mí, el esfuerzo por aguantar despierto para convertirme en el último ser de todos los mundos que te desea dulces sueños, Luna, los mismos que tu luz a mi me depara.