Llevo mucho tiempo sin publicar nada,
hace prácticamente un año de la última reseña. Los estudios, el
trabajo, las obligaciones del día hacen que no pueda ocuparme este
blog con la atención que me gustaría. Pero hace unos día, mi viejo
amigo D.A.X. (del que tendré que hablaros algún día) me pasó unas
líneas que merecían saltar del papel a la red, para que todo el
mundo pudiera disfrutar de ellas. Y así, volví a publicar una
entrada, Borracho; y creo que ya es hora de reanimar este viejo foro,
heredado de mis días de instituto. Tenemos pendiente acabar el viaje
por Deltora, lo sé, pero hoy os traigo uno de los grandes clásicos
de la Literatura Universal, un clásico por excelencia, de esos que
escribimos con mayúsculas; de hecho, no se me ocurren más de cinco
historias más antiguas. Me estoy refiriendo a La Iliada de
Homero.

Tras consultar a un oráculo, Agamenón,
rey de Argos y líder de la expedición helena, averigua que ha
ofendido al dios Apolo al secuestrar a la hija de uno de sus
sacerdotes, a la que debe poner en libertad. Irritado por tener que
ceder parte de su botín, Agamenón lo paga con Aquiles, el mejor de
los guerreros griego, a quien le arrebata su esclava favorita,
Briseida.
Enfadado por tal afrenta, Aquiles y sus
soldados mirmidones se retiran de la batalla al tiempo que el héroe
llama a su madre, la diosa Tetis, para hacerle una gran petición:
convencer al todopoderoso Zeus, señor del Olimpo, para que conceda
la victoria a los troyanos hasta que Agamenón le devuelva a
Briseida. Zeus accede a la petición de Aquiles hecha a través de
Tetis y a partir de ese momento, el ejército troyano con el valiente
Héctor al mando inflige severas derrotas al ejército invasor. Sin
embargo, la decisión de Zeus enfurece a los dioses partidarios del
bando griego, que al momento se ponen en marcha para igualar la
contienda.
Tras numerosas batallas en las que los
griegos son derrotados, Patroclo, amigo de Aquiles, le ruega al héroe
que le permite unirse a la lucha. El héroe accede que Patroclo
lidere a los mirmidones y le presta sus armas para la lucha, pero él
permanece en su tienda, todavía enfadado con Agamenón. Con la
presencia de Patroclo y los mirmidones, los griegos consiguen
rechazar a los troyanos de su campamento, pero al intentar
perseguirlos por la llanura, Patroclo cae ante los ataques de Héctor.
Enfurecido por la muerte de su mejor
amigo, Aquiles se lanza a la batalla, enfrentándose a todo el que se
ponga por delante (ya sea hombre o dios) y haciendo que los troyanos
se refugien en la ciudad; todos los troyanos salvo uno, Héctor, que
se queda fuera a sabiendas de que es el único capaz de enfrentarse
al enfurecido héroe griego. Ambos luchan mano a mano hasta que
Aquiles por fin mata al príncipe troyano; pero la muerte no es
suficiente para vengar la muerte de Patroclo, así que Aquiles ata el
cadáver de Héctor a su carro y, tras dar tres vueltas a la ciudad,
vuelve al campamento. No será hasta varios días después cuando,
siguiendo la orden directa de Zeus, Aquiles devuelva el cuerpo de
Héctor a su padre.

Sobre Homero, poco se puede decir que
sea seguro. Según la tradición, vivió durante el siglo VIII a.C. y
era ciego de nacimiento, aunque otras fuentes afirman que en realidad
se trató de varios poetas antiguos que recogieron parte de la
tradición oral de la época. Sea como sea, además de La Iliada, a
Homero también se le atribuyen La Odisea, La Batracomiomaquia y
otras obras sobre la guerra de Troya.
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