viernes, 19 de agosto de 2016

Frialdad

Ayer creí verte y mi corazón se detuvo por un instante; como cada vez, un nudo se me formó en la garganta, apretando fuerte, dejándome sin aire. Temí volver a ver el reproche y la decepción en tus ojos, a sentir el latigazo de tu palabras y el dolor de tu cercanía. 

Pero no eras tú y respiré aliviado; no estoy preparado aún para nuestro reencuentro, aunque sé que se acerca el momento en el que tendré que volver a enfrentarme a ti, a utilizar mis silencios como defensa, a evitar tus miradas y tu compañía para proteger mi corazón de lo que siento por ti, ese terrible secreto que sólo tú y yo compartimos y que marca nuestra relación hasta el punto de hacerla imposible más allá del compañerismo, ni aún eso. ¡Cuánta frustración, cuánta impotencia saber que este distanciamiento es lo mejor que puede haber entre los dos!

Pero así ha de ser hasta que el árbol la frialdad dé sus frutos y la indiferencia sustituya a aquello que hoy habita en el pedazo de mi alma que te pertenece ya para siempre. Frialdad, es lo único que puedo ofrecerte hasta que desaparezcas de mis sueños, hasta que no piense en ti cada segundo que mi mente se libere, hasta que no sienta miedo de volver a encontrarnos, frialdad aunque nos duela, a ti y a mí, aunque no seas capaz de comprenderlo, frialdad, porque es lo mejor, para ti, para mí y para los que nos rodean, frialdad hasta que mi corazón se convierta de nuevo en piedra, incapaz de amar, sí, pero también de sufrir. Injusta pero necesaria frialdad.

Autodiario, D.A.X.