Mostrando entradas con la etiqueta Stefan Zweig. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Stefan Zweig. Mostrar todas las entradas

domingo, 20 de octubre de 2013

El refugiado

Cada vez me cuesta más mantener al día el blog. Apenas tengo tiempo, ganas y fuerzas para leer y escribir estas reseñas, no sé si será cosa de la edad, el estrés o una mala organización. Además, tengo un par de proyectos que me gustaría llevar adelante y que posiblemente me ocupen bastante tiempo, así que no os extrañéis si alguna semana no llego puntual a nuestra cita. Pero esta semana aquí estoy para presentaros “El refugiado” y cerrar así este pequeño ciclo por Stefan Zweig.

“El refugiado” es un relato muy cortito protagonizado por Boris, un desertor del ejército ruso de la I Guerra Mundial que trata de volver desesperadamente a casa con los suyos. Sin embargo, se encuentra aislado en Villeneuve, una aldea suiza a orillas del lago Ginebra, rodeado de gente que no habla su idioma y de cuya caridad depende para poder vestirse, comer y dormir. Todos los aldeanos tratan de decirle que lo mejor es que espere a que acabe la guerra antes de intentar el regreso a su país, muy agitado desde la caída del Zar, pero para Boris toda espera se hace larga e intentará llegar a Rusia sea como sea.

Y poco más se puede decir sin desvelar toda la historia, es la pega de ser una historia tan corta. Pero la escasez de longitud no es obstáculo para reconocer el estilo de Zweig: realismo y ternura. De esta forma, “El refugiado” puede ser una buena manera de empezar a leer algo de este escritor.

Más información:

lunes, 7 de octubre de 2013

Leporella

¡Saludos a todos! Aquí estamos de vuelta para compartir nuestro placer por la Literatura y la palabra escrita. Hoy volvemos a un autor que ya conocimos antes de las vacaciones, Stefan Zweig, de la mano del relato “Leporella”.

La protagonista de esta historia es Crescencia, una campesina de Zillertal (valle situado en Tirol, Austria). Nacida como hija ilegítima, Crescencia fue criada y educada a expensas de la comunidad; tuvo que empezar a trabajar desde muy pequeña en el mesón de la aldea, primero como camarera, más tarde como fregona y por último como cocinera. Zweig la describe como una mujer amargada, ávara, terca y con aspecto de caballo (vemos que el autor no se ahorra ninguna lindeza con la pobre) cuyo único objetivo es ahorrar el dinero suficiente para poder pasar su vejez sin tener que depender de nadie más. Por este motivo, Crescencia acepta un puesto como criada en la casa de un matrimonio aristócrata en la lejana Viena.

Sus nuevos jefes son el barón de F., un noble menor venido a menos, y su esposa, proveniente de una rica familia burguesa; el matrimonio acostumbra a tener grandes discusiones por temas de dinero (que el señor barón gasta a manos llenas en distintos vicios) y raros son los días de paz en su casa, motivo por el que se ven obligados a buscar sustituto a todos los criados que los abandonas hartos de tanta batalla campal. Sin embargo, el nuevo hogar de Crescencia apenas altera su vida y se limita a cumplir su trabajo sin cruzar más palabras de las necesarias con el resto de criados o con los señores. 

Pero eso cambiará cuando un día por casualidad, el barón descubre que en una de sus frecuentes cacerías por Tirol, tuvo el gusto de probar un asado de ciervo preparado por la misma Crescencia en su antiguo mesón. A partir de este detalle y de las alabanzas y la familiaridad con la que ahora se dirige a ella el barón, Crescencia empieza a desarrollar hacia su jefe un sentimiento de simpatía y lealtad más propio de un perro que de un ser humano. Y junto a este nuevo sentimiento surge uno contrario de antipatía hacía la baronesa; tanto es así, que Crescencia comienza a cumplir con asombrosa celeridad cualquier petición del barón y a ignorar u olvidar las órdenes de la baronesa.

Dada la situación que tiene en casa, con discusiones diarias con su marido y la actitud de Crescencia hacia ella, la baronesa sufre una crisis de nervios y el médico le recomienda pasar una temporada de relax en un balneario. En cuanto se siente libre de la presencia de su esposa y con la total colaboración de Crescencia, el barón da rienda suelta a sus pasiones de soltero y empieza a salir cada noche hasta tarde y a traer a distintas amantes a casa. Precisamente será una de estas amantes, una joven cantante de ópera, la que le dé a Crescencia su nuevo nombre: Leporella (en alusión a Leporello, el criado de don Giovanni en la ópera de mismo nombre de Mozart). Crescencia (o Leporella) vive así feliz sirviendo a su amo, pero la vuelta de la baronesa pondrá todo patas arriba. Sin embargo, Crescencia está dispuesta a cualquier cosa con tal de volver a dejar “libre” a su amo.

En este relato, Zweig vuelve a hacer gala de su maestría para describir las situaciones más oscuras y feas con una ternura que en ocasiones roza la arrogancia; la forma de hablar de Crescencia como una campesina cerril y con pocos dedos de frente, asemejándola a un perro fiel y bueno pero sin conocimiento es un buen ejemplo de ello.

Más información:

martes, 2 de julio de 2013

Carta de una desconocida

¡Hola a todos! Para hoy os traigo “Carta de una desconocida”, una novela corta de Stefan Zweig, autor austriaco de la primera mitad del siglo XX. Como curiosidad mencionar que conseguí este libro como premio en un concurso de televisión en el ya desaparecido canal local TVA.

“Carta de una desconocida” nos traslada a la Viena de principios del siglo pasado. Allí, un famoso escritor (cuyo nombre no se menciona) recibe una extraña carta de una mujer que afirma llevar enamorada toda la vida de él. El principio de la carta es desde luego impactante; “mi hijo acaba de morir”. Dolida por la pérdida, la anónima mujer recurre al hombre del que está enamorada y que siempre ha ignorado su existencia; y lo hace no para reclamarle nada sino como una liberación, para cumplir la necesidad de que no se pierda aquello que ha sido el pilar y la motivación de su vida.

La carta narra toda la vida de la mujer, desde su infancia en el piso vecino al del escritor hasta la reciente muerte de su hijo, con una delicadeza y ternura exquisitas muy características de Zweig. La mujer escribe con pasión y devoción hacia el escritor, hacia el hombre al que ha dedicado toda su vida. Su dependencia de él es total pero no hay ningún atisbo de egoísmo; no desea ningún beneficio para sí misma sino la felicidad de él, y cualquier mirada, sonrisa o palabra que él le dirija es considerada un auténtico regalo del cielo. Cabe preguntarse si tanta devoción es realmente amor, pero eso es otro tema.

La novela fue llevada al cine en 1948 por Howard Koch y de nuevo en 2004, está vez de la mano de Xu Jinglei. También se hizo una adaptación para la televisión francesa en 2001. En 1975 se estrenó una ópera basada en la novela (aunque trasladando la acción a Rusia).

Stefan Zweig nació en Viena (Austria) en 1881 en el seno de una acaudalada familia de origen judío (aunque no practicantes; Stefan llegaría a afirmar que “Mi padre y mi madre eran judíos sólo por un accidente de nacimiento.”). De carácter antibelicista, en su obra denunció la actuación de Alemania en la II Guerra Mundial. Viajó por gran parte de Europa y Sudamérica y tuvo contacto con los grandes círculos intelectuales de todo el globo. Ante el temor de que el nazismo se extendiera por todo el mundo, Zweig y su esposa se suicidaron el 22 de Febrero de 1942 en Petrópolis, Brasil. Entre muchos otros títulos también escribió “Jeremías” y “Novela de ajedrez” así como diversas biografías.

Más información: