martes, 29 de marzo de 2016

El Valle de los Perdidos

ADVERTENCIA: Esta entrada contiene avances de la saga El cinturón de Deltora. No la leas hasta haber terminado la sexta parte, El laberinto de la bestia. 

Año y medio después, más viejos pero también más sabios, retomamos el viaje por Deltora con el objetivo de derrocar al malvado Señor de la Sombra. Vamos llegando a la parte final de esta aventura (tan sólo resta un capítulo más) y, tras haber superado el Laberinto de la Bestia, la próxima parada es El Valle de los Perdidos.

Ni los ols ni los piratas ni el espantoso Glus consiguieron detener a Lief, Barda y Jasmine y la amatista mágica, símbolo de la verdad y la calma, luce ya en el Cinturón junto a cinco de sus hermanas. Ya sólo queda un hueco vacío, el del diamante, y en el mapa de Lief, un único destino: el Valle de los Perdidos. Pero no todo son buenas noticias para nuestros aventureros, ya que Dain, el joven de la Resistencia que tanto les ayudó en el pasado, ha sido hecho prisionero por los piratas del río Tor y es arrastrado río arriba para ser entregado a los guardias grises. Además, los padres de Lief siguen prisioneros en Del y la red de espías del Señor de la Sombra se hace omnipresente, tendiendo una trampa tras otra.

La situación no es todo lo buena que cabría desear, pero no Lief y sus amigos no tienen más remedio que seguir adelante. Necesitan encontrar alguna forma de cruzar el río Tor, infestado de gusanos asesinos, y continuar su camino hasta el Valle. En su trayecto volverán a encontrarse con Doom, el líder de la Resistencia, y llegarán a Tora, la ciudad mágica que se supone permanece leal al verdadero rey; pero nuestros aventureros ya saben que nada es lo que parece en Deltora.

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miércoles, 16 de marzo de 2016

Silencios a la luz de la luna llena

Imagino que mis silencios deben confundirte casi tanto como mis palabras; no hablemos ya de mis actos. Pero éstas son las reglas de este juego que es mi vida, normas que adapto día a día para tratar de sobrevivir y mantener a salvo mis principios. A costa de ti, me temo y lamento.

Sé que es injusto pero no nos engañemos, ¿qué hay en este mundo que no lo sea? La justicia, como la felicidad, queda reservada para la otra vida. Mi problema no es la injusticia sino la irracionalidad de un mundo que no comprendo y en el que no puedo hacerme comprender. Será por eso que alzo mi mirada hacia las estrellas y hacia ti, Luna, en busca de una comprensión que resulta imposible por inalcanzable.

Entiendo que no me entiendas, quizá por eso escribo estas líneas que jamás te mostraré. También para tratar de coser los pedazos de mi alma, rota por una locura que no es sino auténtica y solitaria cordura. Porque aunque no puedas entenderlo, no tengo otra manera de protegerte que alejándote de mí. Reconozco que también así me protejo a mí mismo, ya que uno se acostumbra antes a la soledad que al dolor del fracaso y la decepción, sobre todo si se malentienden como traición. Sin embargo, a pesar de todos mis esfuerzos por mantenerme alejado de ti, hay ocasiones en que tu ausencia se hace tan insoportable que siento la imperiosa necesidad de hablarte, de oir tu voz, de recibir tu atención y echar así a perder todo lo luchado hasta entonces.

Y es que cuando te veo, siempre tan hermosa y radiante como la luna llena, mi marchito corazón vuelve a latir, resucitando el eterno dolor de la esperanza a la que hace tanto renuncié. Esperanza vana e inútil al fin y al cabo, ya que tu lugar está en el firmamento, desde donde puedas iluminar las noches de todos, y el mío está en esta celda, encadenado a mi trono, donde no pueda dañar a nadie más. Vete, Luna, y deja descansar a este demonio en la oscuridad de su prisión por toda la eternidad.

"Autodiario", D.A.X.